El regionalismo crítico mediterráneo es una propuesta teórica y proyectual que busca conciliar la identidad territorial mediterránea con una actitud crítica hacia la globalización, la tradición academicista y la mercantilización del paisaje. Lejos de ser la reducción a una nostalgia formal o a una repetición folclórica de motivos vernáculos, este enfoque parte del reconocimiento del contexto climático, cultural y material del Mediterráneo, pero con una actitud abierta, reflexiva y transformadora.
Se inscribe en la herencia del regionalismo crítico de Kenneth Frampton, pero matiza sus implicaciones materiales, sensoriales y simbólicas desde la experiencia mediterránea. Así, no se trata solo de resistir a la homogeneización de la arquitectura internacional, sino de reinterpretar activamente las condiciones locales -como la luz, el viento, la proximidad con la naturaleza, los sistemas constructivos tradicionales o la relación con el espacio público- a partir de una mirada contemporánea. Este regionalismo hace hincapié en la dimensión atmosférica y perceptiva del espacio, en la continuidad entre el interior y el exterior, en el uso de materiales cercanos y en la relación con la memoria colectiva, pero sin caer en la estética mimética.
Desde esta óptica, el concepto tiene una fuerte vinculación con la ética del lugar y entiende la arquitectura como una forma de responsabilidad hacia el paisaje, los recursos y la comunidad. La autora defiende una arquitectura que sea capaz de dialogar con el pasado sin estancarse, que escuche los ritmos del entorno natural y cultural, y que atienda tanto al confort ambiental como a la significación simbólica de los espacios habitados.
Esta ruta quiere ser un ejemplo de una serie de edificios plurifamiliares que se construyeron en Barcelona durante los años cincuenta y sesenta y que participan de esta actitud. El criterio de selección parte de la observación y el estudio de todos los proyectos que los arquitectos protagonistas de este período, especialmente los del Grupo R, llevaron a cabo durante los años correspondientes. Aquellos que se considera que mejor adaptaron la actitud regionalista crítica han sido los escogidos. Esto no significa que sean los únicos proyectos regionalistas críticos de la ciudad, sino que conforman un ejemplo que permite establecer un método para detectar otras edificaciones con similares características.
Su situación depende de si se trata de un edificio de viviendas destinado a la burguesía o de uno para las clases trabajadoras, que son las dos tipologías de vivienda más frecuentes durante el período que se trata. Por lo que se refiere a las viviendas para la burguesía, en la mayoría de los casos son promociones privadas llevadas a cabo en cooperativa por grupos reducidos de propietarios, mientras que, en el caso de las viviendas populares, las promociones las construyen o bien empresarios para sus trabajadores, o bien los gobiernos para sus funcionarios (de renta limitada), o bien los patronatos municipales.
En definitiva, se trata de una ruta que quiere valorar esta manera arquitectónica de entender el espacio, que está vigente hoy en día, y que permite pensar proyectos desde el arraigo y, a la vez, desde la contemporaneidad. La ruta pretende reivindicar un diseño situado, sensible y consciente, que asuma la complejidad del territorio mediterráneo como oportunidad creativa y no como límite.









