Habitualmente asociamos el Racionalismo a la ortodoxia del GATCPAC, referente ineludible de la modernidad local. Pero, más allá de la radicalidad, del blanco y del negro, encontramos una gama de grises donde podemos incluir otras arquitecturas que, con mayor o menor intensidad, y con diferentes referentes y aspiraciones, aplicaban los preceptos de la arquitectura de vanguardia. Con influencias que siempre provenían de experimentos de más allá de los Pirineos, podemos afirmar que existen muchos ejemplos que ya apuntan hacia una superación definitiva del modernismo o del Noucentisme, o que, poco a poco, se convierten en una fase de su metamorfosis. Y muchas de estas aproximaciones son de antes de la presentación del GATCPAC en sociedad, en abril de 1929.
En el barrio de Sant Gervasi, y en una extensión no muy grande de la ciudad, es destacable la cantidad de obras identificables y, en añadido, de cierta relevancia. Es probable que uno de los motivos sea que la mayoría son obras de vivienda de promoción privada, en las que muchas veces la propia familia o gente cercana actuaba como promotora, lo que les permitía experimentar sin una expectativa de venta. Como equipamiento, aparece el Grupo Escolar Blanquerna, que pone de manifiesto las inquietudes pedagógicas racionalistas que marcarían la etapa republicana en relación con la construcción de nuevos centros escolares.
En este recorrido podremos contrastar el purismo de las construcciones de Sert, Illescas o Rodríguez Arias con las aproximaciones de, por ejemplo, Pere Benavent, las cuales, a pesar de la depuración del lenguaje, no rehúyen elementos clásicos en la composición de las fachadas como son las tribunas y los arcos de coronamiento. Es con la apreciación y diversidad de estos matices que el racionalismo se hace mayor y nos ayuda a cambiar de siglo. Sus lecciones perduran.









