Habitualmente asociamos el Racionalismo a la ortodoxia del GATCPAC, referente ineludible de la modernidad local. Pero, más allá de la radicalidad, del blanco y del negro, encontramos una gama de grises donde podemos incluir otras arquitecturas que, con mayor o menor intensidad, y con diferentes referentes y aspiraciones, aplicaban los preceptos de la arquitectura de vanguardia. Con influencias que siempre provenían de experimentos de más allá de los Pirineos, podemos afirmar que existen muchos ejemplos que ya apuntan hacia una superación definitiva del modernismo o del Noucentisme, o que, poco a poco, se convierten en una fase de su metamorfosis. Y muchas de estas aproximaciones son de antes de la presentación del GATCPAC en sociedad, en abril de 1929.
Salvo el hueso muy destacable que se forma en el cruce entre las calles de Enric Granados y de París, se hace curiosa la falta de más arquitectura racionalista destacable en un barrio tan extenso como el Eixample Esquerre, donde la primera obra construida de Josep Lluís Sert quiere enseñar las trazas aprendidas en el taller de Le Corbusier. Será en los márgenes de este barrio donde encontraremos ejemplos más o menos exitosos que guiarán este itinerario: en Les Corts, en los alrededores de la plaza de Espanya, o también en el Raval, donde el racionalismo dejó ejemplos tan destacados como el icónico Dispensario Antituberculoso, del que aún hoy se debate su enésimo uso y adaptación, que muestra todas las hará un siglo.
En este recorrido, un caso singular nos ilustra las tensiones entre el nacimiento del lenguaje moderno y la pulsión muy presente por las artes decorativas: las casas Josep Masana I y II. Del mismo arquitecto, en los mismos años y en parcelas contiguas, veremos un ejemplo de un racionalismo que proviene de un cierto expresionismo centroeuropeo y, medianera con medianera, su gemelo con toda la retórica puramente art-déco. Todo, paradigmático de la época en que todo empezaba a urdirse.









