La autopista del Mediterráneo o AP-7 es el eje que comunica para el tráfico rodado toda la costa mediterránea española, desde Algeciras hasta La Jonquera, con Francia. Inaugurado el primer tramo en 1969, entre Barcelona y Granollers, nació como una iniciativa del Banco Mundial y fue ampliamente utilizada para la propaganda del desarrollismo franquista como símbolo de progreso y pistoletazo de salida de la sociedad de consumo española.
Actualmente, el imaginario en torno a la carretera dista de la fascinación optimista de los años setenta, y el paisaje que nos acompaña durante el trayecto provoca extrañeza. Os animamos a realizar este road-trip patrio interrumpido por arquitecturas con un interés no siempre evidente, con el objetivo de vencer el desconcierto y transformarlo en curiosidad.
Los márgenes de esta infraestructura cuentan con numerosos hitos que reclaman nuestra atención a bordo carretera, como los propios peajes, de diseño singular y actualizados en los tramos de ACESA por Bru Lacomba Setoain, muchos de los cuales han ido desapareciendo o siendo abandonados debido al proceso de liberalización de la autopista. También encontramos fábricas y edificios comerciales que tratan de utilizar la singular ubicación a su favor, como la fábrica Tipel o la sede de iGuzzini, que juega a ser una luz ella misma.
Si necesita hacer una pausa en el viaje, en las áreas de servicio o descanso encontrará ejemplos que, con su singular tipología arquitectónica, no solo llaman la atención a ambos lados, sino que también se atreven a atravesar el vial. De sur a norte, nos vamos encontrando con el puente del área de servicio del Penedès, la ligera pasarela de la Puerta de Barcelona, el inusual cúmulo de cabañas del área de servicio del Montseny, el restaurante panorámico de Maçanet de la Selva, y, finalmente, con la contundente Porta Catalana, obra de Josep Lluís Catalana y Jaume Freixa.









