Cerdà pretendía no repetir en el Eixample los errores dolorosos sufridos en la ciudad amurallada, y por eso la estudió a fondo. Este hecho vinculó por primera vez la estadística al urbanismo y así demostró que durante las epidemias los fallecidos aumentaban en las calles más estrechas. Por eso proyectó un Eixample con una red viaria de al menos veinte metros de ancho. Domènech i Montaner lo criticaba proclamando que no se podría vivir de las corrientes de aire que había.
Este itinerario muestra detalles que evidencian una ciudad amurallada ahogada por una insoportable densidad solo superada por Calcuta. Empieza en el número 6 de la calle de las Caputxes, donde se concentra una intensidad que atrajo a dibujantes, pintores y fotógrafos. Una doble arcada permitió ampliar su casa con un enorme cuerpo añadido. La fachada fue escalonada para ganar espacio; ese mismo procedimiento fue imitado al lado, en el número 5. El Ayuntamiento prohibió esta construcción que ahogaba el espacio público. Entre estos dos edificios y la fachada de Santa María del Mar había un cementerio, que fue convertido en plaza.
Argenteria, la calle gremial de más categoría, toleró despegar casas sobre calles: Brosolí, Junyí y Gíriti; este último nombre es la deformación de “Gíra-t’hi” (gírate), de tan estrecho y angular que es. El itinerario hasta Montcada aparece lleno de guardacantones en los chaflanes para proteger la agresión de los carros al tumbarlos. Se introdujeron direcciones únicas, como muestra el rótulo en el ángulo de Mirallers y Sombrerers. Podemos ver más guardacantones en Canvis Vells y en Sombrerers. Pasamos delante de la calle de las Mosques, la más estrecha de todos, con 1,10 m; en 1441 recibió el nombre por la suciedad que en ella se acumulaba. Entramos en la calle Arc de Sant Vicenç, con un edificio elevado sobre el vacío de la calzada y, cuando giramos en la calle Seca, encontramos la misma práctica aberrante. El nombre de este último corresponde a la histórica fábrica de la Moneda, un espacio que fue rehabilitado para albergar la Fundación Brossa. Y giramos un codo más aún, en la calle de la Cirera, para entrar finalmente en Flassaders y reencontrar la calle de las Mosques. ¡Asfixiante!









