Sant Cugat es una ciudad conformada por sus rieras. Su origen se encuentra en una villa romana situada en el lugar más estrecho y elevado entre dos de estas rieras (el punto más fácil para defenderse), y donde se construyó el monasterio. Por este motivo, la ruta propuesta comienza en la muralla de levante del monasterio, restaurada hace pocos años, junto con el reconocimiento y mejora de la historia del lugar y de la calidad del espacio público que le rodea.
Si seguimos la muralla hacia el sur nos encontramos casas entre medianeras que se adaptan a la orografía del terreno; un buen ejemplo es la reforma de una vivienda situada frente a una de las torres, obra de Josep Ferrando. A continuación bajaremos por la calle de Sant Medir, hacia la riera de Sant Cugat, donde nos encontraremos las casas de Enric Pi y la bodega cooperativa de Cèsar Martinell. Continuamos hasta la enterrada riera de Sant Cugat (rambla del Celler, rambla de Jaume Sabat y rambla de Can Mora) hasta la antigua carretera de Gràcia. A finales del siglo XIX, este nuevo acceso a Sant Cugat desde Barcelona por la Rabassada propició el fenómeno de los veraneantes, la industria de la construcción, la superación del límite de la riera de Sant Cugat y la urbanización del ensanche sur con viviendas unifamiliares de grandes jardines. La buena calidad de la arcilla y la llegada del tren a principios del siglo XX favorecieron el auge de los tejares y la construcción con ladrillo de estas casas burguesas, así como el primer aumento importante de la demografía.
El límite a poniente de este barrio de baja densidad de casas con jardín es el Club de Golf Sant Cugat. Frederick Stark Pearson, el ingeniero y empresario que llevó el tren a Sant Cugat, compró la masía y los terrenos de Can Mora para construir uno de los primeros clubs de golf de Catalunya. El campo de golf se desarrolla a lo largo de un tramo del canal de desagüe de los torrentes de Can Trabal y de Saladrigues.
El itinerario continúa para ir a buscar la rambla de Ribera y encontrarnos con el torrente de Can Trabal a cielo abierto, que lo remontaremos hasta encontrar tres casas unifamiliares que miran al bosquecillo del golf, la casa AA de Ferrater, la casa Luque de Coderch i Valls, y, ya de vuelta hacia el centro y en la calle de Villar —de más alta densidad—, una singular reforma y ampliación de una casa de veraneo de los años treinta, de Bailo i Rull.
Este itinerario quiere mostrar no solo la función de las rieras como vectores de conexión o como límites en la trama urbana, sino también como generadores de un urbanismo de calidad. Por eso, nos dirigiremos hacia donde el torrente de Bomba está canalizado para remontarlo hasta que lo encontramos a cielo abierto, en el Parc Central. Un proyecto de Batlle i Roig de urbanización de un nuevo barrio, en los años noventa, que se basa en el reconocimiento orográfico del lugar y el cambio de planeamiento para conseguir no cubrir el torrente. Con la estrategia de construir en las orillas, adaptar la edificación morfológicamente al terreno y centralizar el verde, se consiguen unas temperaturas de 3°C por debajo de otras zonas de la ciudad.









