Jeroni Moner Codina es una figura imprescindible en la Banyoles contemporánea, ciudad en la que construyó la mayor parte de su obra. Aunque nació en Barcelona, sus raíces familiares bañolenses y la pasión por el waterpolo, que practicaba en el Club Natació Banyoles, le llevaron a establecerse definitivamente en la ciudad en 1971.
Sus primeras obras, como el edificio de tres viviendas en la calle Rambla (1970), la casa Vilanova-Cullell (1971) —ambas con Albert Illescas—, la casa Masgrau-Juanola (1972), la casa Agustí-Soler (1975) y Muebles Tarradas (1975) se enmarcan en la conceptualidad artística que se respiraba en Banyoles durante los últimos años del franquismo.
En ese momento, la capital del Pla de l’Estany se consolidó como un polo cultural de referencia nacional gracias a los colectivos multidisciplinares Tint-1 (1971-1973) y Tint-2 (1974-1976). Estos grupos, formados por escultores, pintores, diseñadores, arquitectos e intelectuales, impulsaron una renovación creativa que marcaría la escena cultural catalana del momento, con Moner como figura clave.
La rehabilitación del Tint dels Paraires (1971), que dio nombre y marco expositivo a los grupos, introduce la extensa obra de intervención en el patrimonio de Jeroni Moner, en la que, muy a menudo, la simbiosis entre preexistencia y transformación se establece mediante la introducción de estructuras industrializadas que beben de la conceptualización y atrevimiento de la conceptualización y atrevimiento. Entre los proyectos más destacados encontramos la rehabilitación de la Pia Almoina en Girona (1976), con Benet Cervera y Arcadi Pla; la instalación del retablo de Santa Maria de l’Escala en el monasterio de Sant Esteve de Banyoles (1983); la restauración del campanario del monasterio de Sant Miquel de Fluvià (1991); su residencia; Can Bombeta (1992), y el Centro Municipal de Estudios Musicales de Banyoles (2001).
Después de la efervescencia cultural vivida en los años setenta, en 1985, Moner, junto con el arquitecto Josep Riera, el biólogo Carles Abellà y el economista Tomàs Garrofé, redactó los estudios urbanísticos, económicos y paisajísticos que permitirían que Banyoles fuera designada sede de las pruebas de remo de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992. Esta etapa vinculó Moner con la gran transformación que la ciudad vivió a principios de los años noventa con proyectos como el plan especial del sector de levante del Estany, la adecuación del borde urbano del Estany, seleccionada en los Premios FAD, y la reconstrucción de las pesqueras Malagelada y Guardiola, con Josep Riera y Joaquim Figa (1991), así como el edificio de oficinas y Teatro Municipal, con Lluís Pau (1994).
El compromiso de Moner con Banyoles, sin embargo, no se limitó a su labor como arquitecto. Desde el activismo periodístico, con numerosos artículos publicados en revistas locales, o desde la presidencia del Centro de Estudios Comarcales del Pla de l’Estany (1994-2011), continuó contribuyendo a la construcción de la ciudad y a la preservación y difusión de su patrimonio natural y cultural.









