En estos últimos años, en Barcelona, han surgido nuevas cooperativas de vivienda como respuesta a la situación de emergencia residencial. Una alternativa no especulativa, basada en la propiedad colectiva del edificio, y donde el papel de la comunidad se convierte en un rasgo diferencial para superar las condiciones y limitaciones de las promociones convencionales.
Dado que el reto de la vivienda es cíclico, esta ruta quiere trazar genealogías con una selección de obras de la ciudad que contribuyen a pensar en las posibilidades reales de la arquitectura de la vivienda cooperativa en la actualidad. Proyectos que nacen de diferentes motivaciones sociopolíticas, económicas o ambientales, pero unidas por un hilo de continuidad en lo que respecta a la actitud de ruptura con lo establecido.
Empezamos por la Casa Bloc (1932), donde se materializan las propuestas ideológicas y revolucionarias del GATCPAC. Un modelo experimental de vivienda mínimo para la clase obrera que sigue las directrices del movimiento moderno, con espacios y servicios comunitarios para el bienestar de los residentes. Saltando en los años sesenta, la irrupción del cooperativismo en la construcción de vivienda creció para abastecer a sus socias de vivienda asequible y de una calidad difícil de encontrar en el mercado. Muchos de los casos eran de autopromoción, caracterizados por una búsqueda de soluciones austeras que ponían la mirada en el sujeto y futuro habitante. Es el caso del edificio en cooperativa de Lepanto II (1961-1964), de MBM, o algunas de las primeras obras de Emili Donato, como las viviendas en Vallcarca y las viviendas en la calle de Rosselló.
La experimentación siguió de la mano de Studio PER en la Casa Fullà (1966-1970), proyecto que sintonizaba con la agitación cultural y política del momento. O del edificio Frégoli (1972-1975) de Esteve Bonell, otro buen ejemplo de este ambiente fértil y abierto a nuevas formas de vivir. De forma coetánea a estas obras se construye el edificio de viviendas en la avenida del Coll del Portell (1971-1976), donde Francesc Rius propone un valiente lenguaje tecnológico acompañado de una innovadora sensibilidad ambiental. Esta línea continuará en la discreta obra de las viviendas en la calle de Sant Cugat (1982).
Llegando a la actualidad, el relieve y la proyección de futuro de esta alternativa habitacional la ejemplifican las viviendas La Borda (2018) y La Chalmeta (2022), dos de las cooperativas en cesión de uso ya construidas, y a la espera de muchas más en fase de promoción y construcción.









