En el Cadaqués de mediados de los cincuenta se dan las condiciones propicias para desarrollar los recursos aprendidos por Federico Correa y Alfonso Milá bajo la maestría de José Antonio Coderch, que pronto personalizan con un talante propio que sirve para abrir paso a una manera de intervenir en el pueblo que aún hoy perdura. Aprovechando al máximo los elementos originales de la vivienda tradicional entre medianeras, intervienen cuidadosamente con los materiales y recursos locales disponibles para realizar cambios e incorporaciones sutiles que inundan aquellos espacios existentes de una sorprendente y refrescante modernidad, apelando a una nueva manera de vivir.
Las todavía puntuales —pero crecientes— aventuras de la burguesía barcelonesa hacia la Costa Brava como destino turístico propician que Correa y Milá reciban su primer encargo que se va a construir: la casa para Javier Villavecchia en el Puerto de Alguer de Cadaqués.
Las decisiones que se ven reflejadas en esta obra se resumen en una logia superior que invierte los usos diurnos y nocturnos de la casa, para poder disfrutar así de las vistas sobre el mar desde la sala de estar-comedor; el mobiliario de obra; la austeridad de recursos; el respeto por lo existente y la sublimación del tejido urbano del casco antiguo, ligado a un cierto hedonismo que la tipología de casa de veraneo permite. Estas decisiones se repiten en sus intervenciones inmediatamente posteriores.
Progresivamente, una línea más experimental se traza paralela a las primeras edificaciones aisladas, influenciada por la cada vez más notable relación con Italia, con la casa Rumeu como ejemplo más contundente y seguramente más brillante.
Este romance con Cadaqués se extiende durante más de dos décadas, en las que llegan a realizar casi cincuenta proyectos, muchos de ellos construidos, algunos referentes de la modernidad del país. Su experiencia en el pueblo convivió con más obras singulares realizadas por otros maestros de la arquitectura como el propio Coderch, Francisco Juan Barba Corsini, pero sobre todo con la muy significativa obra de los extranjeros arraigados en Cadaqués, Peter Harnden y Lanfranco Bombelli, que importan exotismo y sensibilidad artística a esta forma de hacer iniciada por Correa y Milá.









