Esta ruta muestra resumidamente la larga trayectoria de Josep Maria Perica i Morros, desde su primera obra, la iglesia del Sagrat Cor, en 1906 —proyectada antes de terminar la carrera y que él mismo valoraba como “románico mal digerido”—, hasta el edificio de la Caja de Pensiones de Torelló, de 1958, que pertenece al grupo de las obras más tardanas del arquitecto.
A medio camino veremos la valla y puerta del cementerio de Vinyoles, un ejemplo de la arquitectura funeraria que está siempre presente en la obra de Pericas. A continuación, la Torre Nueva de la Coromina y sus jardines (1919-1925), que el arquitecto denominaba Domus del siglo XX; la proyectó y construyó para pasar unos larguísimos veranos con su familia, y también tenía su despacho profesional, situado en la segunda planta. Yo lo recuerdo siempre allí dentro. Aficionado a la arqueología y a los estudios eruditos de la arquitectura románica y medieval, levantó cientos de planos y redactaron más de 6.000 fichas que debían concretarse en el proyecto más ambicioso de su vida: el estudio de los castillos y las casas fuertes medievales de Osona; desgraciadamente, casi todo fue destruido cuando su casa fue incautada de resultas del golpe de estado de 1936.
En la reforma de la masía Ordeix de Vinyoles de Orís (1941) verá una torre igual que la de la Torre Nova. Esto es así por voluntad de su propietario, enamorado de la casa Pericas, que la veía desde otro lado del río Ter.
Muy cerca de la Torre Nueva de la Coromina encontraremos el pedrón de la Virgen de Montserrat (1914); era mi lugar preferido para ir a merendar de pequeño cuando pasaba los veranos en la casa de los abuelos, y recuerdo que me gustaba leer el texto “Montserrat cometa guíenos hacia el Cielo” grabado en el dintel de piedra, sobre la verja de forja.
El segundo monumento son las Tres Cruces monumentales conmemorativas de las fiestas constantinianas, levantadas en 1913 en la cima de una colina con vistas a 360 grados sobre la llanura de Vic. Sobre la cruz central cuelgan las iniciales Alfa y Omega —principio y fin de todas las cosas. Tanto el pedrón de la Virgen de Montserrat como las denominadas ‘Tres Creus’ fueron dinamitadas durante la Guerra Civil y posteriormente reconstruidas por el arquitecto, que recuperó sus piezas originales, pero con las columnas de las Tres Cruces sensiblemente más bajas.
Al monte de las Tres Creus se accede por un camino que coincide con el Vía Crucis que sale del santuario de Rocaprevera (1923), erigido por devoción popular en el “estilo Pericas”, como se le conoce coloquialmente en Osona: un estilo absolutamente personal que caracteriza a su obra, con gran influencia y gran influencia de la vanguardia europea y su derivada secesionista. Ya en Torelló, podemos ver el edificio entre medianeras de la Caja de Pensiones, con un alero de mucho vuelo revestido de cerámica vidriada de color verde. No se pierda la escalera de caracol que atraviesa todo el inmueble. En una última etapa podemos visitar el panteón Vergés (1927), que nos informa de la popularidad y prestigio del arquitecto entre la burguesía local de la comarca de Osona.









