En un artículo de Oriol Bohigas publicado en 1968 en la revista Arquitectura, núm. 118, del COAM, y bajo el título “Una posible ‘Escuela de Barcelona”, el arquitecto y urbanista quiso poner de relieve la arquitectura hecha por los arquitectos catalanes en torno a los principios que él mismo defendía, tanto arquitectónicos como intelectuales, hacia aquella arquitectura producida en otras partes del Estado.
Esta ruta contiene obras seleccionadas por el propio Bohigas para ilustrar el artículo original, todavía construidas y en buen estado de conservación hoy en día, y dentro del área metropolitana de Barcelona. En conjunto se observa que la selección comienza en 1961, lo mismo de la disolución del Grupo R, hecho nada casual. De la naturaleza ecléctica del Grupo R, Bohigas quiso liderar una de sus tendencias y hacerla hegemónica en Cataluña; parece claro que el hecho de autodenominarse “Escuela de Barcelona”, eligiendo el nombre de la ciudad por encima de otras sensibilidades arquitectónicas contemporáneas locales, y también el hecho de entrar en la discusión de ámbito nacional como máximo representante de esta forma de hacer, así lo confirman. Ciertamente, los primeros párrafos de su texto intentan explicar y justificar este punto con sutileza.
Mirado en la Escuela de Milán, con cuyos miembros mantiene relación -y de los que extraerá continuamente lecciones desde que José Antonio Coderch y Federico Correa los pusieron en contacto-, Oriol Bohigas define en su artículo los principios que rigen esta manera de entender la arquitectura, algunos de los cuales se resumen en el siguiente párrafo: “por la tecnología utilizada para realizarlo, independientemente de cuál sea esa tecnología, independientemente de que sea más o menos avanzada, más industrial o más artesana. Segunda: consideración de las exigencias lógicas del lenguaje mismo, un término que deberíamos desarrollar más ampliamente si dispusiéramos de más tiempo a la salida y el proceso para responder honestamente, y construcción, cierto énfasis en la expresión tecnológica.” Este posracionalismo vanguardista, que encuentra su expresión diferencial en la tradición cultural del país y su realidad tecnológica —retrasada y paupérrima—, será hegemónico hasta la década de los setenta, cuando lleguen con entusiasmo y como novedad los postulados de una tardomodernidad y postmodernidad incipientes, con la comunicación, la historia y el simbolismo como nuevos caballos ganadores. Y allí, tanto Bohigas como su “Escuela de Barcelona” estarán presentes.









