Lluís Domènech i Montaner no solo fue uno de los arquitectos más eminentes del Modernismo, sino que se convirtió en un referente cultural y político decisivo de los últimos años del siglo XIX y los primeros del siglo XX. Su obra se acompaña de todas las artes y dialoga con ellas.
La ruta pone de relieve el vínculo íntimo entre la arquitectura de Domènech i Montaner y autores fundamentales de nuestra literatura.
Empezaremos en lo alto del paseo de Gràcia, en la Casa Fuster (1911), donde Salvador Espriu, una de las voces más altas de la poesía catalana del siglo XX, vivió entre 1942 y 1972. Una placa conmemorativa nos lo recuerda.
Bajaremos hasta la calle de Aragó, en la Fundació Tàpies. Tàpies eligió un edificio de Domènech i Montaner para su fundación con voluntad de interactuar con él. Detrás del artista visual, había un escritor lúcido y un pensador profundo, autor de textos memorables, y uno de sus hijos, Antoni Tàpies i Barba, poeta de obra relevante, ha reanudado el hilo.
Continuaremos hasta el Palau de la Música Catalana (1908), una de las obras más admiradas de Domènech i Montaner, asociada a la entidad que tiene su sede, el Orfeó Català, y a su himno, ‘El cant de la senyera’, un poema de Joan Maragall con música de Lluís Millet.
Junto a la Rambla, está la Fonda Espanya, reformada por Domènech i Montaner (1903). Allí nació Josep Rodoreda, autor de la música del Virolai del poeta Jacint Verdaguer. Nos lo recuerda una placa en la fachada del edificio.
Iremos al parque de la Ciutadella, al Castillo de los Tres Dragones, café-restaurante de la Exposición Universal de 1888, bautizado popularmente así por la obra teatral del mismo nombre de Serafín Soler “Pitarra” de 1865. Finalizaremos la ruta en el recinto modernista del Hospital de Sant Pau. El 16 de febrero de 2023, dentro del Año Lluís Domènech i Montaner, se evocó el texto que Joan Brossa escribió sobre el arquitecto para el monográfico de Cuadernos de Arquitectura que en 1963 le dedicó el COAC.









