El pasado industrial de Cataluña, junto con la ubicación estratégica de Barcelona, bien conectada por mar y por carretera con Francia y con el sur del arco mediterráneo, favoreció que durante los años de posguerra (1939-1969) se construyeran nuevas fábricas. Estas instalaciones daban respuesta a nuevos programas, como la industria química, la alimentaria, la electrónica o la del motor, demandando espacios amplios, diáfanos, luminosos y bien ventilados.
Esta necesidad de nuevos espacios industriales, añadida a la incomodidad que suponían la pequeña y mediana industria situadas en el tejido urbano de Barcelona, provocó que en 1953 se desarrollara el Plan de Ordenación de Barcelona y su zona de influencia. Este plan vinculó el crecimiento demográfico y la implantación de la nueva industria para evitar grandes desplazamientos para los trabajadores, y promovió la creación de nuevas zonas industriales como la Zona Franca, donde se acabarían ubicando conjuntos industriales de SEAT como su filial de Barcelona y la escuela de aprendices y oficinas, la nueva fábrica para Lámparas Eléctricas Z / Phillips, el edificio comercial Pirelli y la fábrica para Electrónica Precisión, estos dos últimos hoy desaparecidos. También nuevos conjuntos residenciales como las viviendas para los trabajadores de la SEAT, las viviendas Estrellas Altas y las 168 viviendas en la Gran Via.
El paseo de la Zona Franca se desarrolló de la mano de las nuevas fábricas, pero también de los trabajadores que día a día le recorrían en busca de una vida mejor. Viviendas modestas, servicios escasos y jornadas laborales largas acabaron creando un fuerte tejido social y una cultura que todavía hoy forma parte de la memoria colectiva del barrio.
Así pues, el Paseo de la Zona Franca no solo fue una arteria industrial vital para la ciudad, sino también el escenario de una transformación social marcada por la llegada masiva de trabajadores, la creación de barrios populares y la consolidación de un modelo de ciudad obrera.









