La curva, como recurso geométrico asociado al diseño arquitectónico, está presente en un numeroso conjunto de edificios de la ciudad de Barcelona. Algunas veces es una estrategia asociada a la resolución de requisitos constructivos, como en las cubiertas de las Escuelas Provisionales de la Sagrada Familia o en la Iglesia de Sant Lluís Gonzaga. En otras, se presenta como valor simbólico de alegorías formales a través de proyectos urbanos, como la pasarela que une el muelle de la Fusta con el Centro Comercial Maremàgnum, o de edificios como el Hotel Vela y el World Trade Center Barcelona, ambos en la zona portuaria.
Sin embargo, la curva también se ha utilizado en muchas ocasiones como elemento de integración urbana, para resolver la implantación de arquitecturas que, por su particular emplazamiento, permanecen aisladas en términos de singularidad, y disociadas, por tanto, de ordenaciones urbanísticas ordinarias con respecto a su entorno. Casos como el Centro Meteorológico Territorial de Cataluña, la iglesia de Sant Gregori Taumaturg, los edificios Trade de Coderch, el Parque de Investigación Biomédica de Barcelona, el edificio Nexus I del campus UPC, el edificio Catalana Occidente o la torre Agbar comparten estrategia en este sentido.
Entre la variedad de casos tipológicos que integran la curva como soporte de diseño, se encuentran las arquitecturas con un funcionamiento interno vertebrado por la inclusión de esta geometría en el proyecto. Tenemos un reciente ejemplo en los nuevos vestíbulos de acceso a la línea 9 de Metro de la Zona Universitaria de Barcelona, donde las baterías de ascensores y las rampas de circulación adaptada quedan integrados y ordenados mediante elementos curvos. Por último, vale la pena reseñar aquellos proyectos en los que la curva puede estar asociada a especificidades programáticas intrínsecas, e incluso netamente tipológicas. En este sentido, las plazas de toros o pabellones deportivos figuran claramente en primer lugar. Son precisamente este tipo de equipamientos, los pabellones deportivos, los que a menudo han acabado aglutinando muchas de las características expuestas anteriormente y han solucionado con curvas los requerimientos estructurales de uso, los urbanos de emplazamiento, los funcionales -por la geometría que debe disponer los espectadores ante el espectáculo- e, incluso, como en el caso del Palau Sant Jordi, han utilizado la curva como recurso de integración en el paisaje.









