La arquitectura dedicada a los diferentes ámbitos de la educación fue un interesante campo de experimentación para algunos arquitectos desde finales de la década de 1950. Diferentes razones justifican este foco de atención. El crecimiento de la población inmigrante, especialmente en las zonas de nueva expansión en los márgenes de Barcelona y otras ciudades del área metropolitana, generó una demanda que debía atenderse urgentemente, tanto por parte de la iniciativa pública como de la privada.
Varias escuelas de equipos tan activos como Martorell-Bohigas-Mackay y Giráldez-López Iñigo-Subías y, en menor medida, Anglada-Gelabert-Ribas se ubican en este contexto. Además, a partir de la década de 1960, se afirmó también un nuevo proyecto educativo de escuela catalana realizado por instituciones privadas que consideraban la calidad de la arquitectura como parte integrante del entorno docente. En algunos casos, el concepto de entorno educativo se extendía a casas de colonias próximas a las ciudades, destinadas a ofrecer momentos de ocio en comunidad a la población escolar; en el caso de la población universitaria, el papel recaería en los colegios mayores. Si en los ámbitos mencionados la iniciativa recaía en las administraciones municipales y en las instituciones privadas, en el campo de la educación superior el promotor fue el estado franquista a través del Ministerio de Educación Nacional y las universidades. Los dos ejemplos más relevantes de estas operaciones de prestigio y también de control de la población universitaria fueron las obras realizadas en el campus de la UB en la avenida Diagonal de Barcelona y la Universidad Autónoma, ubicada en Bellaterra, cerca de las áreas donde se preveía construir el centro direccional del área metropolitana.
Este conjunto de obras, además, constituye una interesante reseña de las diferentes referencias arquitectónicas internacionales adscritas a diversas corrientes brutalistas y tardomodernas que llegaron a Cataluña, así como de los materiales que se emplearon durante el período, desde los elementos cerámicos tan apreciados por el realismo de la Escuela de Barcelona en las diferentes formas de utilizar el hormigón, tanto en el hormigón, otros.









