La ruta reúne tres jardines históricos y una urbanización afincados en la Costa Brava durante las primeras décadas del siglo XX, además de una serie de tramos significativos del camino de ronda de la Costa Brava que sigue el abrupto litoral entre Blanes y Llafranc. Como complemento, se añaden la nueva Marina de Palamós —una actuación reciente del Estudio Martí Franch, que se encuentra en la falda de un tramo del camino— y, de los propios autores, la restauración paisajística del camino de ronda de Palamós.
Empezando en la playa del Port Bo de Calella de Palafrugell, conocida por sus bóvedas, nos dirigimos hacia el puerto de la Malaespina. Después de atravesar la playa del Canadell, continuamos por el camino de ronda de Calella a Llafranc, pasando por los Tres Pins y la torre de vigilancia de 1597, antes de llegar a Llafranc.
En el sur de Calella nos encontramos el jardín botánico de Cap Roig, realizado por el zarista exiliado Nicolai Woevodski y su esposa Dorothy Webster entre 1931 y 1975. Dorothy y un equipo de jardineros locales se encargaron de acondicionar las siete hectáreas situadas en un acantilado y pilas de especias de flora mediterránea, tropical y subtropical.
Según una memoria del proyecto de la restauración paisajística del camino de ronda de Palamós, «el objetivo del proyecto es conectar los tramos existentes en un solo camino continuo que una la ciudad, sus playas cercanas y el Parque Natural, y que preserve y mejore el paisaje costero durante las próximas décadas». El puerto deportivo Marina de Palamós enriquece el patrimonio litoral mediante un acertado uso de pérgolas, caminos y parterres con plantas adaptadas al medio marino. Este sitio confortable y práctico limita al norte con varias calas servidas por el camino de ronda.
En la urbanización S’Agaró, proyectada por Rafael Masó para el industrial Josep Ensesa en 1917, el arquitecto ordena el terreno con espacios públicos —plazas, escaleras, equipamientos, etc.— integrados con parcelas destinadas a chalés como la Senya Blanca, para el Señor Ensesa, y otro para la misma, además del Hostal de la Gaviota. A partir de la muerte de Masó, el arquitecto Francesc Folguera se hace cargo de intervenciones como la de la iglesia o el camino de ronda, donde tienen un papel importante tanto el travertino como los pinos deformados por el viento, y desde donde se puede apreciar una loggia de siete arcadas inicialmente proyectada por Masó para el jardín de la Senya Blanca.
Los jardines de Santa Clotilde, en Lloret de Mar, iniciados en 1919 y un claro ejemplo de jardín noucentista, fueron realizados por el arquitecto Nicolau Maria Rubió i Tudurí -gran seguidor de Jean-Claude-Nicolas Forestier– en colaboración con el propietario, el doctor Raül Roviralta, conocedor del mundo. En palabras de Josep Pla, «la gran escalinata, flanqueada de alterosos cipreses, encarada sobre la punta de Santa Cristina, produce una impresión imborrable».
Creado en 1921 por el industrial y naturalista Carles Faust i Schmidt en el extremo norte de Blanes, el jardín botánico Mar i Murtra fue admirado por Pla, quien le dedica unas palabras de admiración en su libro ‘La Costa Brava’ del año 1941. Comparte con los otros jardines de la ruta un emplazamiento de terreno. Por la vertiente de la montaña de Sant Francesc y hasta los acantilados se encuentran plantas de diversas procedencias, siguiendo el propósito de aclimatar la vegetación —sobre todo tropical y templada— en la costa de Blanes. Esta sugerente implantación va acompañada del proyecto arquitectónico de Josep Goday i Casals.









