Vivimos en una época de abundancia y exceso comunicativo en la que los premios no son una excepción, sino más bien una de las consecuencias. Este batiburrillo de galardones, que en muchas ocasiones es la escisión de la capillita de la capillita de grupos de arquitectos —y a veces sencillamente un negocio—, tiene en la ciudad de Barcelona un origen, una fuente primigenia: el concurso anual de edificios y establecimientos que el Ayuntamiento de Barcelona instauró en 1899 y que, seguramente, fue el nacimiento de muchas discordias. Han pasado 125 años y podemos asegurar que en este sentido no ha cambiado nada.
La excepcionalidad de ser el primer y único premio de edificios y establecimientos –crisol de una época dorada para la arquitectura catalana– le confirió una importancia y un prestigio muy relevantes en la sociedad barcelonesa de principios del siglo XX. Este camino, que los Premios FAD quisieron seguir después de la Guerra Civil Española con el impulso de Oriol Bohigas, hoy es casi solo un evento de interés para los profesionales. La atomización los ha acabado de aguar.
Sin embargo, repasamos grandes edificios, y también sorpresas y confirmaciones: Antoni Gaudí, primer galardonado con la Casa Calvet —una de sus obras menos conocidas actualmente en Barcelona—, nunca obtuvo distinción alguna; el mundo de la industria, gran mecenas de la arquitectura modernista, remarcó a la fábrica como digna de mención con el conjunto industrial de Casaramona; el mismo premio que había puesto en la cima el modernismo fue también el encargado de sacrificarlo a manos del mandato de los nuevos tiempos del higienismo noucentista. Serían otros nuevos tiempos, los del movimiento moderno, que acabarían sacudiéndolo todo y dando la puntilla a los mismos premios. Sin embargo, el concurso aún tuvo tiempo de premiar con una mención a la fábrica Myrurgia de Antoni Puig Gairalt, a medio camino entre el art-déco y el racionalismo a modo de despedida y anuncio, y también de saber asumir las nuevas corrientes. La Segunda República llamaba a la puerta.
La selección de este recorrido de época, salvo la fábrica Myrurgia como final simbólico, muestra exclusivamente los edificios distinguidos con el primer premio. Desgraciadamente, de la categoría de establecimientos sólo se conserva la Fonda Espanya, ya que el resto, por su misma naturaleza efímera, han desaparecido. El itinerario revelará olvidos, cambios de rasante, y, sobre todo, mostrará una parte importante de la mejor arquitectura de ese período.









