La maestría más reconocida de Francesc Mitjans —y el problema al que dedicó más horas a resolver— fue, sin duda, la vivienda plurifamiliar. Colegiado en 1940, pero con el título obtenido en 1942, Mitjans, socio estudiante del GATCPAC durante la república, ya había construido en 1934 la casa Casabó en Sitges. Desde entonces y hasta el proyecto del Camp Nou, su primera gran obra, Mitjans construirá una multitud de viviendas, principalmente inscritas en la trama urbana consolidada de Barcelona.
El salto a una obra de enormes dimensiones como el Camp Nou viene de la mano del ascenso a la presidencia de su primo, Francesc Miró Sans, con quien compartía escalera en las viviendas de la calle de Amigó que había proyectado varios años antes. Como reconoce el propio arquitecto, será esa razón y no otra la que permitirá que tenga acceso a un encargo de esa envergadura. La obra, que compartirá con Josep Soteras y Lorenzo García-Barbón, arquitectos municipales y, por tanto, afines al régimen, se presume como una puerta de entrada a futuras obras a escala urbana. Aunque Mitjans afirmará en algunas entrevistas que la autoría del estadio fue un 90% suya, no hay que olvidar que tanto Soteras como García-Barbón habían ejecutado obras notables, como el Palacio Municipal de Deportes, el altar para el Congreso Eucarístico o la ampliación del estadio del RCD Espanyol. El estadio no vendrá solo, y, en los antiguos terrenos del campo de Les Corts, Mitjans construirá dos grandes bloques lineales varios años más tarde.
Tras el Camp Nou llegará la participación en la isla de viviendas Escorial, una de las primeras ordenaciones según los preceptos del movimiento moderno en el período de la dictadura. En la misma línea y a pocos metros pero dos décadas después, la ordenación de la isla Europa, con la construcción de su torre pantalla o el conjunto Roma 2000, profundizarán en este tipo de operación urbanística, un desarrollo urbano que irá desapareciendo con la llegada de la democracia.
De las mencionadas, la obra más reconocible en el perfil de la ciudad será la Torre Banco Atlántico, elegante réplica de la Torre Pirelli en Milán proyectada por Gio Ponti y que, desde entonces, ha sido una representación del poder financiero en el cruce de la avenida Diagonal con la calle de Balmes. Aunque ha sido remodelada a menudo en las últimas décadas, ha tenido más suerte que el edificio Estel, un edificio-pantalla «retranqueado» en desuso que ha ido cambiando de manos con incertidumbre, y que parece que finalmente dará cabida a unas oficinas que no recuerdan demasiado las intenciones del proyecto inicial. Queda por ver cómo resultará el nuevo Camp Nou, tantas veces modificado desde su inauguración y con tantas tentativas de reforma a sus espaldas.









