«Los naturales del Camp de Tarragona perciben mejor la belleza, con más claridad, que los barceloneses», decía Jujol a Ràfols, para animarle en sus clases en la escuela de arquitectura. Para entender la arquitectura de Jujol es necesario ir a la fuente, donde el entorno y la arquitectura se hacen uno, donde el Camp de Tarragona y la arquitectura de Jujol son una única cosa.
Si uno va caminando azarosamente por el Camp y no encuentra ninguna obra de Jujol, quizás lo intente entender, pero, como es de fuera del Camp, le costará más comprender su belleza; si uno va por el Camp y encuentra una obra de Jujol, la observa y la entiende mínimamente, verá que le da las claves para mirar el Camp con una nueva óptica: la obra de Jujol hace que se entienda la belleza del territorio donde ha sido concebida. Esto no debería ser nuevo: nosotros no conocemos a Manhattan si no es a través de Scorsese o de Woody Allen; no conocemos a Dublín sino a los dublineses que nos describió Joyce; ¡no conoceríamos el Sant-Victoire sin Cézanne, y tampoco la belleza del Camp de Tarragona sin Jujol!
Si cuando llegamos a Vistabella no nos hemos fijado en el Camp que nos rodea, en la iglesia se representa el mundo celestial mezclado con la representación de las especies eucarísticas que se encuentran labradas —trigo y uva, pan y vino—, con unos intermediarios entre el cielo y la tierra que pueden ser zánganos o un ángel; si cuando estamos en Can Bofarull nos damos cuenta de la cantidad de animalitos que hay por todas partes, después veremos las guindillas que salen de la tierra; si cuando estamos llegando a Creixell vemos ―ya desde la autopista― la veleta que corona la iglesia, nos damos cuenta de que debemos buscar en el Camp la alegoría del león perseguido por la cruz; si nos detenemos en la fuente-surtidor de la ermita de Loreto, encontramos una obra con una peana de piedra que se encuentra anclada al terreno, porque hay una serpiente que sale de tierra mientras una bestia alada plateada ha bajado del cielo, se ha puesto encima y por la boca le brota el agua que sale de la tierra. Jujol nos hace estar atentos a lo que ocurra en la tierra y en el cielo, nos hace observar el Camp.
Haced la ruta, coged el coche, o mejor la bici, o mejor calzaos unas chirucas, llamad a los lugares para que os los abran, descubrid dentro de las iglesias las intervenciones que hizo, encontrad las pequeñas intervenciones suyas que hay diseminadas por el territorio, mirad el Camp con las gafas que os ha puesto Jujol. Así, habréis descubierto el territorio Jujol.









