En 1848 se inaugura la estación de tren de Badalona junto al mar y como parte de la primera línea ferroviaria de la península Ibérica, con el propósito de unir Barcelona con otra ciudad importante para la industria, Mataró. A cargo del empresario mataronense Miquel Biada i Buñol, esta nueva infraestructura marca un antes y un después en todas las poblaciones por donde pasa. Un impacto que todavía hoy es visible y reivindicado.
En Badalona, el cambio es notorio ya desde su construcción, cuando de repente los pescadores pierden el espacio para almacenar y proteger las barcas, lo que origina una fuerte oposición por parte de este colectivo, que llegó a sabotear las obras en varias ocasiones. Probablemente, este gremio anticipaba lo que inevitablemente supuso la aparición de la línea: una transformación no solo inevitablemente urbanística, sino también económica y social.
Todo este proceso de cambio no se aleja de su foco, la estación, y se expande a ambos lados, pero siempre en relación con la línea de costa. El mar, en realidad, hacía ya tiempo que constituía uno de los motores de la ciudad gracias a la pesca. El llamado hasta entonces barrio de Baix a Mar era el punto neurálgico de esta actividad. Esto cambia cuando la burguesía industrial decide instalar sus residencias en este barrio, y así se origina el primer ensanche de Badalona, que convierte una zona primeramente dedicada a una de las actividades productivas más importantes de la ciudad en su centro social y comercial. Este acontecimiento, de hecho, es extrapolable a un cambio de perspectiva más global: los primeros baños de la Reina Isabel II en Sant Sebastià y la aparición de los primeros clubs deportivos junto a la playa contribuyen a un cambio de la percepción colectiva del mar, que empieza a ser, más que un puerto, una fuente de alimento o una forma de viajar. La playa se convierte en un lugar más de reunión y de disfrute en la ciudad.
La estación separa los dos nuevos ensanches: en el este se ubica el centro residencial, social y comercial de la ciudad, caracterizado por una arquitectura generalmente de influencia modernista; en el oeste se encuentra el ensanche industrial, donde se instalan las fábricas más importantes de la ciudad, así como las residencias de sus obreros. Así, es alrededor del paseo de la Rambla, paralelo al mar, donde se construyeron amplias residencias para la burguesía como Ca l’Escanyaralets o la casa Matamala. La playa, al otro lado de las vías, también comienza a formar parte de la vida cotidiana, y en verano constituye un punto de reunión más, donde además es posible refrescarse. Con este fin, a finales del siglo XIX se empezaron a popularizar las casas de baños en la costa barcelonesa, y la Doncella de la Costa, desde 1929, es un ejemplo todavía activo en Badalona, con sucesivas adaptaciones hasta la actualidad.
Se consolida también a principios del siglo XX uno de los ejes comerciales más importantes, la calle del Mar, que conecta perpendicularmente el paseo de la Rambla con la Casa Consistorial -el Ayuntamiento de Badalona-. Con varios ejemplos notables, esta calle es hoy una muestra de la progresión del diseño arquitectónico dedicado al comercio. Desde el modernismo que caracteriza el diseño de farmacias o droguerías de principios del siglo XX, como la droguería Boter, pasando por diseños como el de la farmacia Surroca, también del prolífico badalonés Joan Amigó i Barriga y una muestra de la transición de un modernismo muy arraigado hacia una arquitectura de influencia vienesa que se acerca mucho más al movimiento moderno, hasta la zapatería Gubern, que todavía conserva alguna de las características de la segunda reforma que realizó el estudio MBM en los años setenta.
Por otra parte, separado por un eje importante, la avenida de Martí Pujol, encontramos el ensanche oeste, más vinculado a la industria. Es en esta zona donde se instalaron industrias tan relevantes entonces como la fábrica Giró, también conocida como Can Casacuberta, la fábrica G. de Andreis, popularmente llamada “La Llauna”, o el Anís del Mono, los tres edificios diseñados también por Joan Amigó i Barriga. El mar tenía un papel muy distinto en este lado: no dejaba de ser un instrumento más de producción. En este caso, Badalona cambió las barcas de pesca por los barcos petroleros que descargaban en el puente del Petróleo, uno de los elementos más simbólicos de la ciudad en la actualidad.
La ruta no solo recorre la transformación que sufrió la ciudad con la llegada del ferrocarril, sino que también se detiene a observar la evolución de esa nueva ciudad de principios del siglo XX hasta la fecha. El paseo de la Rambla es todavía donde la gente pasea los sábados; la playa sigue acogiendo a los bañistas en verano. Sin embargo, donde antes había una fábrica de latas, ahora está el instituto La Llauna, rehabilitado por Enric Miralles y Carme Pinós; donde se patentó la primera bolsa de malla para la fruta ahora está la biblioteca Can Casacuberta, y la Rambla ya no termina en la estación, continúa su curso y se transforma en un nuevo paseo marítimo para la ciudad.









