Tras la construcción del Eixample, la transformación de Barcelona pasa de la densidad del casco antiguo a una liberación estructural y formal en las nuevas tipologías de vivienda. La ruta propuesta abarca este cambio producido por el movimiento moderno entre los años 50 y 70 en la zona alta de Barcelona. Aquí, las parcelas eran de mayor dimensión, y mantenían una relación pasante constante. Las piezas domésticas se organizan con unos órdenes estratégicos distintos a los de las tipologías construidas anteriormente en la ciudad. Estos nuevos paradigmas son consecuencia de los siguientes aspectos.
Entre la calle y el edificio, las plantas bajas se abren y generan espacios permeables. Son sitios de relación entre la ciudad y la residencia, entre el espacio público y el privado. Es quizás la relación urbana más intensa en planta baja de todas las tipologías residenciales que encontramos en Barcelona.
Por el hecho de disponer de mayor libertad en planta, los planteamientos tipológicos exploran continuidades entre el interior y el exterior. Los espacios intermedios regalan nuevos ritmos y posibilidades de interacción en las piezas de la vivienda, generando umbrales de luz y sombra.
Las viviendas, al ser de gran dimensión, buscan relaciones de confort espacial mediante la diagonalización del espacio, la correcta iluminación y la exposición al exterior, junto con la optimización de la ventilación cruzada.
Se trata, en algunos casos, de viviendas con salas concatenadas sin pasillos, estancias continuas u organizaciones en fachada para encontrar la máxima relación entre todas las partes. En otros casos, las distintas escalas conllevan una división entre la vida privada, la vida pública y el servicio doméstico.
Esta es una ruta para descubrir una interacción diferente entre la vivienda y la ciudad. Paseando por estas calles y revisitando estos edificios, no se puede dejar de pensar que estas relaciones tan básicas y humanas confirieron un nuevo paradigma de urbanidad para Barcelona.









