Habitualmente asociamos el Racionalismo a la ortodoxia del GATCPAC, referente ineludible de la modernidad local. Pero, más allá de la radicalidad, del blanco y del negro, encontramos una gama de grises donde podemos incluir otras arquitecturas que, con mayor o menor intensidad, y con diferentes referentes y aspiraciones, aplicaban los preceptos de la arquitectura de vanguardia. Con influencias que siempre provenían de experimentos de más allá de los Pirineos, podemos afirmar que existen muchos ejemplos que ya apuntan hacia una superación definitiva del modernismo o del Noucentisme, o que, poco a poco, se convierten en una fase de su metamorfosis. Y muchas de estas aproximaciones son de antes de la presentación del GATCPAC en sociedad, en abril de 1929.
En la década de los años treinta, todos estos barrios podían considerarse -salvo sus propios núcleos- periféricos. Y es aquí donde nos encontramos con lo que a menudo no queremos ver o no necesitamos ver en el centro de la ciudad, el clásico not in my backyard inglés: un hospital, una estación de radio o, llevado al extremo, viviendas sociales para trabajadores. Al mismo tiempo, en alguno de estos barrios, la pequeña burguesía establecía una primera o segunda residencia, huyendo del ambiente de la ciudad; la tradición de clase seguía, el estilo cambiaba.
Esta situación de los barrios de montaña aislados de la ciudad perduraría hasta finales del siglo XX, cuando los felices Juegos Olímpicos de 1992 desembarcaron con la urbanización de la zona del Vall d’Hebron y la Teixonera, donde le sorprenderá un desubicado Pabellón de la República. Un pabellón reconstruido para la ocasión siguiendo el original de París de 1937, pero que dentro de cincuenta años supongamos que ya nos lo hemos hecho nuestro.









